La mitad de los centros de datos previstos en Estados Unidos para 2026 corren riesgo de retraso o cancelación, según análisis citados por Bloomberg.

¿Por qué se retrasan la mitad de los centros de datos?

La razón principal no es la inversión: la nota señala que Meta, Amazon, Microsoft y Google planean gastar más de 650.000 millones de dólares en infraestructura este año, pero la limitación es energética y de cadena de suministro. Según Bloomberg, muchos proyectos se encuentran atascados porque la red eléctrica y el suministro de componentes críticos no pueden garantizar la energía estable y la entregabilidad en plazo. Además, fabricantes de baterías como Panasonic reportaron que su producción anual ya estaba vendida, lo que tensiona el suministro de paquetes para respaldo, según la misma nota.

El cuello de botella se alimenta de dos drivers concretos. Por un lado, la demanda eléctrica que requieren los entrenamientos masivos. Por otro, la escasez de equipos como transformadores y grandes baterías para picos. Wood Mackenzie advierte que la electrificación con renovables cubre capacidad base, pero no siempre los picos de carga, y que la dependencia de importaciones complica los plazos, según el análisis citado por la nota.

La tiranía del 24/7 y el cuello de botella energético

La industria funciona bajo lo que la nota llama la “tiranía del 24/7”: modelos que requieren energía constante y picos bruscos durante los entrenamientos. De acuerdo con la nota, se proyecta que el consumo energético de los centros de datos aumentará un 175% de aquí a 2030, lo que implica redoblar planificación y reservas. Además, las emisiones corporativas relacionadas con la operación crecieron en los últimos años: la nota indica que las emisiones de Google subieron un 48% y las de Microsoft un 31% en el último lustro, según los informes que cita.

En términos concretos, Wood Mackenzie estima que los centros de datos en EE. UU. podrían demandar hasta 12 GW en 2026, más energía que la consumen diez millones de hogares estadounidenses, lo que demuestra la magnitud del desafío. Esos picos obligan a recurrir a soluciones rápidas como gas y carbón en momentos críticos, lo que complica metas de net zero y explica parte de los retrasos en proyectos que no encuentran soporte energético fiable.

¿Qué significa esto para la carrera global de la IA?

El retraso de infraestructura tiene un efecto cascada en la competencia entre Estados Unidos y China. La nota subraya que, aunque las empresas estadounidenses están invirtiendo miles de millones, dependen de componentes y baterías que hoy lidera la industria china. Wood Mackenzie y analistas citados por Bloomberg advierten que la falta de suministros empuja a los hiperescaladores a buscar alternativas y hasta producción fuera de EE. UU.

La paradoja geopolítica queda clara: las empresas tecnológicas occidentales quieren acelerar pero topan con una cadena de valor global fragmentada. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, citado en la nota, pidió pragmatismo para aprovechar lo que China puede ofrecer. Mientras tanto, la posible salida a bolsa de gigantes como Anthropic u OpenAI añade presión de calendario y costes, lo que puede llevar a decisiones improvisadas si la infraestructura no acompaña.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino y qué deberíamos exigir?

Para América Latina y la Argentina esto trae dos lecciones inmediatas. Primero, si la infraestructura estadounidense se retrasa, los proveedores cloud pueden priorizar clientes locales o regiones con oferta energética disponible, lo que puede subir precios o latencias para empresas argentinas que dependen de servicios en la nube. Segundo, es una oportunidad para planificar: la expansión de renovables y la integración de almacenamiento local podrían atraer proyectos, pero solo si existen incentivos claros y planificación energética.

Desde nuestra perspectiva editorial, apoyamos la expansión responsable de infraestructura de IA pero exigimos condiciones mínimas: métricas públicas sobre consumo y emisiones, documentación técnica en español para equipos y servicios, y marcos de gobernanza que incluyan revisión humana de decisiones críticas. Sin esas garantías, la carrera por centros de datos puede acelerar la tecnología, pero dejar atrás transparencia, sostenibilidad y control público.