Glovo ha abierto un periodo de consultas para un Expediente de Regulación de Empleo que puede afectar a un máximo de 750 repartidores en más de 60 localidades, según el comunicado de la compañía del 12/03/2026. La empresa explica que el modelo con asalariados ‘Gen2’ resulta ineficiente en municipios de tamaño medio y pequeño, por lo que pasará a un modelo marketplace ‘Gen1’ donde la logística la asumen restaurantes o subcontratas.
¿Qué significa el ERE de Glovo?
El anuncio es una señal clara de que el delivery no sostiene el mismo modelo en todos los territorios. Glovo cifra en 750 el máximo de trabajadores afectados y apunta a más de 60 localidades donde reducirá o eliminará el servicio; al mismo tiempo dice mantener operativa la plataforma en más de 800 ciudades (comunicado 12/03/2026). Esto no es solo una reestructuración puntual: llega ocho meses después de la regularización masiva, lo que implica un ajuste rápido entre cumplimiento legal y viabilidad operativa. Para empresas y municipios, la lección es simple: un modelo con empleados fijos exige volúmenes constantes que muchas localidades no generan.
¿Por qué falla el modelo con asalariados?
La raíz es el cambio estructural impuesto por la Ley Rider (aprobada en 2021). Glovo regularizó a sus repartidores —más de 13.000 según la compañía en julio de 2025— para evitar sanciones penales, pero asumir costes laborales convierte rutas marginales en pérdida sistemática (comunicado 12/03/2026). El argumento de la compañía es operativo: Gen2 funciona en grandes ciudades con densidad de pedidos; en ciudades medianas y pequeñas el costo fijo de una plantilla asalariada diluye el margen. El sector creció mucho durante 2020-2021 por la pandemia, y desde entonces la demanda se ha normalizado; el volumen que sustentó la expansión ya no está en muchas zonas, y eso cambia la ecuación económica.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Aunque el ERE se anuncia en España, la lección es relevante para LATAM. Plataformas que intenten imponer un modelo asalariado en ciudades con baja densidad de pedidos enfrentarán la misma presión de costos y podrían reducir cobertura. Para restaurantes y pymes locales, esto significa dos riesgos: o asumir logística propia y costes, o depender de subcontratas con comisiones más altas. En mercados como Argentina, donde la fragmentación geográfica y los costos logísticos son distintos, conviene hacer el ejercicio de unit economics antes de firmar compromisos: saber cuánto cuesta cada pedido con empleados frente a marketplace y qué volumen mínimo sostiene la operación. Glovo demuestra que la flexibilidad del modelo autónomo no era solo cuestión de negocio, era la columna vertebral de su expansión.
Qué deberían hacer Glovo y los emprendedores
Primero, exigir cálculos públicos y claros de rentabilidad por zona: si una ciudad no alcanza el umbral, hay que transparentarlo. Segundo, experimentar con modelos híbridos —subcontratas locales, cooperativas de repartidores o acuerdos por demanda— y comparar costos reales. Tercero, para pymes que usan plataformas, la recomendación es medir: margen por pedido, comisión neta y coste logístico efectivo; sin esos números no se puede decidir si externalizar o internalizar reparto. Finalmente, los reguladores deben evitar que la protección laboral derive en desprotección de servicio local: la política pública tiene que conjugar derechos laborales y mecanismos que permitan cobertura rentable en ciudades de bajo volumen. Exigir transparencia y evaluaciones de costo es la prioridad antes de normalizar nuevos modelos operativos.