El Departamento de Comercio de EEUU se convirtió en el cuello de botella que ahora obliga a NVIDIA y AMD a esperar meses antes de enviar GPUs de IA a clientes en China y otros destinos. La Oficina de Industria y Seguridad (BIS) perdió 101 empleados —una reducción del 19% respecto a 2024— y el personal dedicado a semiconductores cayó alrededor de un 20%, según Bloomberg. En 2025 la BIS tardó una media de 76 días en resolver licencias; en 2026 ese plazo se está alargando, según los reportes de Tom’s Hardware y Bloomberg.

Qué está pasando y por qué importa

Vemos dos factores que se combinan: controles más estrictos y menos gente para ejecutarlos. Por un lado, la normativa exige detallar qué GPU se exporta, a qué cliente y con qué uso previsto; por otro, la plantillas menguadas están provocando demoras. Según Bloomberg, la BIS perdió 101 empleados, lo que equivale a un 19% menos que en 2024. Además, fuentes citadas por Tom’s Hardware indican que el subsecretario Jeffrey Kessler está revisando personalmente muchas solicitudes relacionadas con chips para IA, lo que crea cuellos de botella operativos.

El resultado es práctico: pedidos que antes salían en semanas ahora pueden tardar meses, afectando entrega de hardware crítico para centros de datos y proveedores cloud que requieren GPUs para instancias de inferencia y entrenamiento. Esto ralentiza despliegues y desplaza calendarios de producto.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La demora en el despacho de GPUs no es un tema remoto para empresas y universidades argentinas que dependen de instancias en la nube o de proveedores regionales. NVIDIA, por ejemplo, no ha podido enviar ni una sola GPU H200 a China hasta que reciba aprobaciones explícitas, según Bloomberg; si los envíos hacia Asia se traban, la presión sobre inventario global aumenta y sube el riesgo de desabastecimiento en mercados menores. Eso puede traducirse en mayor tiempo de espera para proyectos locales de IA y en costos más altos por capacidad reservada en la nube.

En la práctica, una pyme o un centro de investigación en Argentina puede ver demoras en accesos a nodos acelerados o en aumentos del precio por hora de GPU si la oferta global se comprime. Por eso es clave que los proveedores cloud informen públicamente su capacidad y que haya documentación clara en español sobre alternativas de despliegue.

Efectos en la cadena global y en la competencia

Las demoras no afectan solo a China. Bloomberg y Tom’s Hardware reportan que NVIDIA aún espera aprobaciones para pedidos hacia Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Plazos más largos favorecen a competidores que no dependen de la misma cadena de suministro o que producen localmente en jurisdicciones sin estas restricciones, pero también incentivan soluciones de ingeniería para reducir dependencia de chips concretos.

A mediano plazo esto puede acelerar dos tendencias: diversificación de proveedores (incluyendo interés por alternativas open source y por hardware fuera de EEUU) y mayor verticalización por parte de hyperscalers que buscan asegurar capacidad. Ambas opciones cambian el mapa competitivo, pero también exigen políticas públicas más claras para evitar que la política exterior se traduzca en interrupciones técnicas no previstas.

Qué deberían exigir empresas y gobiernos

Ante este contexto, vemos tres demandas prácticas: primero, métricas públicas de capacidad y tiempos de aprobación por parte del Departamento de Comercio para entender riesgo operativo (ya que la BIS tardó 76 días de media en 2025, según Bloomberg). Segundo, documentación técnica en español para que equipos latinoamericanos puedan evaluar alternativas y planificar contingencias. Tercero, gobernanza con revisión humana y transparencia en criterios: si un subsecretario revisa “a mano” solicitudes críticas, hay que conocer las reglas y tiempos.

Apoyamos la integración técnica responsable de tecnologías de IA, pero exigimos datos: plazos promedio, caída de personal y criterios de denegación deben publicarse. Sin esa información, las empresas no pueden evaluar trade-offs ni tomar decisiones informadas sobre proveedores, compras o migración a arquitecturas alternativas.