Cortical Labs afirma haber conectado 200.000 neuronas humanas a un chip y las ha puesto a interactuar con el videojuego ‘Doom’ en tiempo real. Según la propia compañía, el sistema CL1 recibe estímulos eléctricos derivados de la imagen del juego y traduce patrones de disparo neuronal en acciones dentro del entorno virtual.

¿Qué hizo Cortical Labs y cómo funciona el CL1?

El experimento mostrado por Cortical Labs consiste en cultivar neuronas humanas sobre una matriz de electrodos y construir un bucle cerrado entre el tejido y el software. Según la empresa, el CL1 usa 200.000 neuronas aplicando estímulos eléctricos que vienen de la señal visual del juego y mapeando ciertos patrones neuronales a acciones concretas en ‘Doom’.

Este tipo de trabajo no es del todo nuevo para ellos: en 2021 Cortical Labs presentó un experimento con más de 800.000 neuronas jugando a ‘Pong’, lo que sirvió como antecedente técnico para el CL1, presentado como producto comercial en el Mobile World Congress 2025, según la compañía. Los números importan porque muestran que estamos ante plataformas experimentales que varían mucho en escala y propósito, no ante una réplica de un cerebro humano.

¿Es esto inteligencia o es sólo tejido vivo reaccionando?

Hay que ser precisos con el lenguaje. El sistema no es ‘inteligencia artificial’ en el sentido de modelos estadísticos de lenguaje: es tejido biológico que adapta su respuesta eléctrica a estímulos repetidos. Brett Kagan, de Cortical Labs, ya advirtió que el énfasis está en tipos de procesamiento que el silicio no reproduce fácilmente, no en reproducir un cerebro completo.

Para poner la escala en contexto: un cerebro humano tiene alrededor de 86.000 millones de neuronas según Herculano‑Houzel (2009), mientras que aquí hablamos de 200.000 neuronas (según Cortical Labs) o 800.000 en el experimento de 2021. Eso sitúa la iniciativa como una herramienta de investigación sobre dinámicas neuronales y aprendizaje en cultivo, no como un sucedáneo cognitivo humano.

¿Qué preguntas éticas y de seguridad abre esto?

La demostración plantea varios frentes: procedencia de las células, duración y viabilidad del cultivo, reproducibilidad y posibles riesgos de bioseguridad. Cortical Labs ofrece una API abierta para el CL1, lo que acelera el acceso de desarrolladores, pero también obliga a preguntarnos por límites operativos y por quién valida que el uso experimental es seguro y transparente.

Pedimos métricas públicas y comparables: conteo celular, tiempo de supervivencia en cultivo, tasas de fallo, latencia entre estímulo y respuesta, y resultados reproducibles en laboratorios independientes. Estas métricas son necesarias para evaluar si la plataforma es robusta o si estamos ante demos mediáticas que no escalan reproduciblemente.

¿Y en Argentina, qué deberíamos exigirles a estas empresas?

Vemos potencial para investigación local, pero eso no exime de exigir transparencia. Pedimos que las empresas publiquen protocolos básicos, orígenes de las líneas celulares y métricas de rendimiento (por ejemplo, número de neuronas y tiempo de experimento, como los 200.000 neuronas declarados por Cortical Labs y el antecedente de 2021 con 800.000). También es imprescindible coordinación regulatoria: ANMAT y el Ministerio de Ciencia deberían definir requisitos mínimos para experimentos con tejido humano, mientras que los comités de bioética deben evaluar usos y límites.

En la práctica, eso significa tres demandas concretas: 1) métricas públicas y verificables; 2) transparencia sobre procedencia y consentimientos; 3) gobernanza que permita acceso científico pero minimice riesgos de bioseguridad. Sin esas condiciones, la novedad tecnológica corre el riesgo de convertirse en ruido mediático más que en avance útil.

Conclusión

La demostración de Cortical Labs es interesante técnicamente y útil como laboratorio vivo de dinámicas neuronales, pero estamos lejos de cualquier afirmación grandiosa sobre ‘mentes’ biológicas independientes. Vemos potencial, pero exigimos datos, transparencia y reglas claras antes de que estas plataformas se normalicen en investigación o mercado.