Meta está registrando lo que sus empleados hacen en ordenadores corporativos —qué escriben, cómo mueven el ratón, dónde clickean y capturas de pantalla periódicas— para entrenar modelos de IA, y lo hace justo cuando anunció despidos por aproximadamente 8.000 personas, alrededor del 10% de su plantilla global, con una fecha clave prevista para el 20 de mayo, según reporting de Reuters y el New York Times. Este cruce entre vigilancia continua y recortes masivos es la información mínima que cualquier trabajador debe conocer antes de que la IA entre en su jornada laboral.

¿Qué está registrando Meta y con qué objetivo?

La herramienta interna, llamada Model Capability Initiative (MCI) según Reuters, corre en segundo plano en los equipos corporativos y recoge entradas de teclado, movimientos del cursor, clicks y capturas de pantalla para crear ejemplos reales de uso de aplicaciones en tareas cotidianas. El propósito oficial es entrenar agentes que realicen tareas de la misma manera en que lo hacen los empleados; un portavoz declaró a la BBC que los datos no se usan para evaluar rendimiento y que existen salvaguardas, sin especificar cuáles. Dos días después del anuncio del seguimiento, Meta confirmó la oleada de despidos, lo que complica la narrativa: la recolección de datos pretende mejorar agentes, pero ocurre en un contexto de reducción de plantilla y reestructuración masiva.

¿Por qué los empleados están reaccionando con alarma?

Cientos de trabajadores expresaron su inquietud en canales internos, preguntando cómo desactivar el seguimiento; según Reuters, Andrew Bosworth, CTO, respondió que no existe esa opción en los portátiles de empresa. La reacción no es solo técnica: el New York Times reprodujo mensajes internos que describen la sensación como distópica y desmoralizante. Para muchos, la vigilancia llega en paralelo a la incertidumbre laboral: la confirmación de alrededor de 8.000 despidos (≈10% de la plantilla) el 20 de mayo intensifica el miedo a que los datos puedan, directa o indirectamente, usarse para justificar más recortes. La mezcla de vigilancia pasiva y presión por adopción de IA crea un entorno de incentivos perversos para quienes deberían ser los usuarios beneficiados por estas herramientas.

¿Esto podría pasar en Argentina y en otras jurisdicciones?

En Estados Unidos, la recolección es legal siempre que los empleados hayan sido informados, según Ifeoma Ajunwa, citada por Reuters. En Europa la historia cambia: especialistas citados en Reuters y la Comisión Europea recuerdan que el Reglamento General de Protección de Datos, vigente desde el 25/05/2018, impondría límites fuertes a un rastreo de pantallas y pulsaciones. Países como Italia prohíben el rastreo de productividad por medios electrónicos; en Alemania los tribunales permiten keylogging solo en casos excepcionales. En Argentina no hay un marco idéntico al RGPD, pero la norma comparada y decisiones judiciales europeas ofrecen un referente: empresas locales deberían esperar mayor escrutinio y posible impugnación laboral si implementan prácticas similares sin salvaguardas claras.

Qué deberían exigir los empleados y qué pueden pedir los reguladores

Primero, transparencia: métricas públicas sobre qué se recoge, cuánto se retiene y con qué propósito —incluida la posibilidad de auditorías independientes—. Segundo, opciones operativas: permitir desactivar el agente en dispositivos personales y limitar la recolección en equipos corporativos a ejemplos anonimizados y con consentimiento informado. Tercero, gobernanza: documentación en español, revisiones humanas antes de despliegues que afecten puestos de trabajo y auditorías de privacidad. Pedimos además límites claros de retención y exclusión de datos sensibles de las capturas. Meta dice que no usará los datos para evaluar rendimiento, pero la confianza institucional se reconstruye con pruebas: auditorías, informes públicos y políticas que respeten derechos laborales y privacidad antes de escalar estas herramientas.