Un estudio liderado por Stephanie Nguyen, del Columbia Law School, detectó que 9 de 9 plataformas de “bossware” compartieron datos de trabajadores con terceros —incluyendo nombres, correos, direcciones IP y páginas visitadas— y que 3 de esas 9 pueden rastrear ubicación en segundo plano; las plataformas dicen servir “cientos de miles” de lugares de trabajo (The Verge, 21/5/2026). Este es el dato central: vigilancia laboral que no se queda en la empresa sino que alimenta ecosistemas de mercado fuera del control del trabajador.
¿Qué mostró el estudio y por qué importa?
La metodología combinó revisión de políticas públicas, cuentas de prueba para managers y empleados, y captura de tráfico de red con herramientas open source; con eso los investigadores mapearon hacia quién se enviaban los datos (The Verge; revisión liderada por Stephanie Nguyen, Columbia Law). Resultado concreto: 9/9 plataformas compartieron datos con terceros; 3/9 tenían capacidad de ubicación en background; y al menos 7/9 no respondieron inicialmente a pedidos de aclaración. Es relevante porque datos laborales agregados pueden alimentar servicios de “data append” que ensamblan perfiles persistentes: eso puede crear una “economía de reputación laboral” que sigue al trabajador fuera del empleo. Además, el informe subraya que los trabajadores rara vez pueden rechazar esta vigilancia sin perder su puesto (The Verge, 21/5/2026). Esto transforma una herramienta operativa en un activo comercializable con riesgos de discriminación y errores en decisiones de empleo.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
No es un problema solo norteamericano. En Argentina la ley de protección de datos personales (Ley 25.326) data de 2000, mientras que el Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD) entró en vigor el 25/5/2018 (Agencia de Acceso a la Información Pública; European Commission). Esa comparación temporal —2000 versus 2018 versus la coyuntura de 2026— muestra que el marco local puede quedar corto frente a nuevas prácticas tecnológicas. En LATAM, donde WhatsApp y MercadoLibre son infraestructura comercial clave, la lógica es la misma: herramientas que recopilan datos en el puesto de trabajo pueden terminar enviando información a plataformas publicitarias que operan transnacionalmente. El estudio indica además que las plataformas analizadas dicen servir “cientos de miles” de lugares de trabajo, lo que sugiere escala suficiente para afectar movilidad laboral y mercados de empleo locales (The Verge, 21/5/2026). La consecuencia práctica: empresas, sindicatos y reguladores argentinos deben evaluar si la normativa vigente protege al trabajador frente a cesión de datos a terceros.
Qué pedimos: medidas prácticas y prioridades
Las soluciones que propone el estudio son claras y aplicables: prohibir la venta o cesión de datos laborales a terceros; prohibir recolección de datos sensibles (como ubicación off-hours); y limitar la retención de datos. Pedimos además auditorías independientes y transparencia total sobre integraciones con terceros —coherente con posiciones recientes sobre auditorías y transparencia en servicios críticos. En términos operativos, exigimos que los contratantes deban documentar y publicar las integraciones de cada plataforma, que exista un registro público de proveedores de “bossware” y que las autoridades laborales puedan acceder a evidencia técnica (logs) en inspecciones. Estas medidas no son idealismo: son guardrails mínimos para evitar la creación de perfiles comerciales que pueden ser usados para publicidad, despido o para crear una reputación laboral permanente (The Verge; Columbia Law review, 21/5/2026).
En suma, el problema es técnico y regulatorio. No se trata solo de privacidad individual: es una externalidad de mercado que puede distorsionar la competencia y la movilidad laboral. Apoyamos auditorías independientes y máxima transparencia; y sumamos la petición de que cualquier uso de datos laborales fuera del contrato de trabajo quede explícitamente prohibido hasta que la ley y la supervisión sean suficientes. Esto no es un freno a la tecnología: es un filtro para que la tecnología deje de ser un juguete que genera datos para terceros y pase a ser una herramienta que realmente sirve al negocio sin vulnerar derechos.